Oct 08 2008
Vinieron como golondrinas, de William Maxwell
Tal y como sucede en la vida misma, en este maravilloso Vinieron como golondrinas de William Maxwell, no pasa nada. Es decir que si alguien te hace la típica pregunta: ¿de qué va?, yo, sinceramente no sabría qué contestar. Porque en realidad este libro “va” de la vida, de las pequeños detalles que hacen que vivir merezca la pena, de cómo ese tiempo transcurrido en el que parece que no pasa nada es en realidad la esencia de una felicidad intangible que nos atrapa, que construye minuto a minuto, segundo a segundo, la apoteosis de la vida.
Maxwel nos narra con simplicidad y maestría la existencia de una familia de los años 20 del pasado siglo en Estados Unidos, formada por un matrimonio y sus dos hijos, regalándonos una narración emocionante y dramática que mantiene un pulso con nuestros sentimientos, manteniéndose en el borde del drama sin llegar a caer en la lágrima fácil.
A través de escenas mínimas, que casi nunca tienen la entidad suficiente para formar parte de una novela, Maxwell nos sienta en la biblioteca de la familia Morison, al lado de Bunny y su madre Elizabeth, cuando ambos, aún sin decirse nada, son conscientes de la presencia del otro y se hacen compañía en las tardes del domingo; o nos desliza hacia el tejado, junto con Robert, que se aleja de la realidad cotidiana observando el mundo desde unos metros más arriba, donde nada parece que pueda hacerle daño; o nos sitúa frente al cadáver de Elizabeth, junto al desorientado James, intentando digerir la realidad y decidir qué hacer con su vida a partir de ese momento.
Como los grandes pintores barrocos holandeses, Maxwell utiliza la técnica detallista, reflejando la realidad cotidiana al máximo, creando una atmósfera única llena de vida diaria, de vida real y palpable. Sus interiores tienen el aire de los de Jan Veermer, con esos juegos de luz y penumbra que nos colocan al calor del fuego y que parecen poder detener el transcurso de las horas. Pero el paso de tiempo, tan denso en el texto como en la realidad, no consigue alejar la desgracia de la muerte, presente como una nube negra acechante desde el primer párrafo de la novela. El trágico final no consigue evitar que deseemos coger otro libro de William Maxwell para leer de nuevo una novela llena de VIDA.
Comentarios relacionados
5 comentarios 656 lecturas
5 comentarios en “Vinieron como golondrinas, de William Maxwell”
Trackbacks
-
Bitacoras.com opina:
Publicado el 8 de Octubre de 2008 a las 18:38
Información Bitacoras.com…
Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….
-
La hoja plegada de William Maxwell | El blog de Metropolis Libros opina:
Publicado el 2 de Diciembre de 2008 a las 19:35
[...] vez por las grandes expectativas que albergaba con esta obra tras cerrar la última página de Vinieron como Golondrinas totalmente fascinada por su prosa sencilla y directa, ó tal vez provenientes del esperado tema [...]
Escribe un comentario
Publicado el 8 de Octubre de 2008 a las 18:38
Información Bitacoras.com…
Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….
Publicado el 2 de Diciembre de 2008 a las 19:35
[...] vez por las grandes expectativas que albergaba con esta obra tras cerrar la última página de Vinieron como Golondrinas totalmente fascinada por su prosa sencilla y directa, ó tal vez provenientes del esperado tema [...]












Esas historias mínimas son muchas veces las ocasiones del escritor de desplegar al lenguaje en toda su belleza. Vale la pena leerlos sólo por esto.
La verdad es que esta novela de Maxwell es muy superior a lo que se lee normalmente, el estilo, los personajes y el tratamiento de la historia eleva la novela a un lugar altísimo… es más, tengo en el recámara otro libro de Maxwell para deleitarme de nuevo con su escritura.
Me ha alegrado mucho llegar a tu blog y encontrar esta entrada sobre Vinieron como golondrinas, de William Maxwell. Nos gustaría contar con tu opinión sobre este libro en nuestro debate, y que nos recomendases un libro para una próxima lectura.