Abr 05 2008

Un zoológico en mi azotea, de Gerald Durrell

Soy una adicta a Gerald Durrel desde que en mi adolescencia me leí con fruición Mi familia y otros animales, disfruté tanto con la lectura de ese libro que no pude evitar llevarme a casa, tras el inventario de este año, Un zoológico en mi azotea, que apareció sepultado entre otros tantos libros que pasan desapercibidos ante tanto volumen de posibles lecturas hasta que un cataclismo monumental, como resulta ser un inventario en una librería, los rescata del pozo del abandono sacándolos a la luz para que una lectora agradecida como yo los disfrute.

Un zoológico en mi azotea cuenta el primer acercamiento en el mundo real, del adolescente Gerry a sus amados animales, a través de su primer trabajo como cuidador en un zoológico de Inglaterra, el revolucionario Whispsnade que, al contrario que la mayoría de los zoológicos del mundo en esa época, no mantenía a los animales en jaulas, sino que intentaba reproducir sus hábitats para que, incluso, se reprodujeran en cautividad. Este idílico y perfecto escenario para un adolescente enamorado perdidamente de la naturaleza y de sus habitantes, es la base de esta agradable lectura, que narra las vicisitudes de Gerry entre los animales, a los que estudia sin descanso, a los que quiere con locura y con los que sufre algunas anécdotas divertidas, otras no tanto y unas pocas peligrosas, narradas todas ellas con ese inmenso amor y esa sencillez de unos ojos abiertos como pocos a dejarse sorprender por lo que ven y adquirir conocimientos de todo ello.

Son también protagonistas de la narración los otros cuidadores del zoológico, el capataz del mismo y su familia que forman unos secundarios de lujo para terminar de poner unas pinceladas de color a una experiencia vital que dejó una huella indeleble en el adolescente Gerald Durrel, un naturalista que desde su mas tierna juventud luchó por los derechos de los animales e intentó transmitir en todos y cada uno de sus libros, el inmenso regalo que nos hace cada día la naturaleza.

Gerald Durrel tiene esa capacidad al escribir de transmitir un amor inmenso por todo sobre lo que escribe, en cada letra de sus libros hay un poco de su corazón y eso se nota al leerlo, esa visión humorística, cariñosa y fresca de todos las personas con las que compartió esta experiencia, ese carácter que imprime a cada uno de los animales que nombra y a los que dota de una personalidad propia, deja entrever la arrolladora, afable e interesante personalidad de un gran hombre que vivió exclusivamente para amar a la naturaleza y para, gracias a dios, poder contárnoslo a nosotros a través de sus maravillosos libros.

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2 comentarios 751 lecturas

2 comentarios en “Un zoológico en mi azotea, de Gerald Durrell”

  1. gracielael 18 Dic 2009 a las 7:46

    me encanta este autor

  2. comiquerael 18 Dic 2009 a las 8:52

    Hola graciela, tengo reservados otros nuevos libros de Durrel para lleer, a ver si tengo tiempo y luego publico el comentario en el blog. Como puedes leer a mi también me encanta Durrel.
    Un saludo

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