Feb 12 2009
La hoja plegada, de William Maxwell
He sufrido ciertos altibajos lectores mientras me sumergÃa en La hoja plegada de William Maxwell. Altibajos provocados tal vez por las grandes expectativas que albergaba con esta obra tras cerrar la última página de Vinieron como Golondrinas totalmente fascinada por su prosa sencilla y directa, ó tal vez provenientes del esperado tema central que argüÃa la narración para atraparme, la intensa amistad entre dos adolescentes que pasan de la adolescencia a la edad adulta con esa languidez propia del tiempo real, tema que me atraÃa más que el argumento de Vinieron como golondrinas y del que esperaba una entrega total a esa narración sencilla y cotidiana que tanto adoré en la anterior lectura del autor.
La hoja plegada es una gran novela que continúa esa lÃnea clara que Maxwell imprime a sus obras, esa nitidez propia de la vida real que a través de hechos cotidianos traspasa las páginas del libro y se inmiscuye en tu propio tiempo y en tus más internos conflictos. Maxwell retrata como nadie el torrente de sentimientos y pensamientos que fluyen en la adolescencia, envolviendo al lector en esa vorágine del corazón que estalla en esa época de la vida, reflejando como nadie esa angustia vital que todos hemos sufrido en mayor o menor medida cuando descubrimos la intensidad de la amistad y la crueldad del amor. Y todo ello contado con detalles tan verdaderos que la realidad se palpa en cada una de las andanzas de Spud y Lymie, en cada una de sus confesiones, de sus peleas, de sus reencuentros y de su distanciamiento final.
La novela está plagada de momentos memorables llenos de calor humano que emergen del papel como llamas encendidas, como cuando Lymie entra por primera vez en la casa de Spud y siente que por fin ha encontrado su hogar; o cuando Spud regresa a la helada pensión donde comparte cama con Lymie y se acurruca junto a él, tras haberle abandonado para ser un miembro reconocido de una de las hermandades con más prestigio del campus. Pero entre esas maravillas aparecen capÃtulos que no encierran esa magia, que te hacen perder el hilo de la narración, que no continúan esa lÃnea clara y recta que te arrastraba sin remedio hacia la conclusión de la historia. Dos escollos incomprensibles como son el capÃtulo 58, casi el último de la novela, que se pierde entre descripciones del desierto y chiquillos españoles que juegan en ellos, y el capÃtulo 18 en el que una verborrea sin pies ni cabeza expone reflexiones sobre viajes y citas… Supongo yo que estos dos capÃtulos intentan mostrar el imparable y creciente flujo de los pensamientos en un momento crÃtico del desarrollo de la personalidad de los adolescentes, pero para mà chirrÃan entre la claridad de exposición de la narración de la que forman parte.
Al margen de estos inconvenientes en la lectura, culpables de mis altibajos, la novela resulta maravillosa y refleja como casi ninguna otra el paso de la adolescencia a la madurez con las pérdidas y ganancias vitales que dicha evolución conlleva.
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Publicado el 12 de Febrero de 2009 a las 12:03
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¡Qué buena reseña, comiquera! ¿Has leÃdo ‘Adiós, hasta mañana’ de Maxwell?
Pues no El jukebox, la tengo en la lista de las lecturas pendientes, justo cuando empecé a leer La hoja plegada llegó a la librerÃa Adiós, hasta mañana y estuve dudando si leer antes la novedad o el que tenÃa pensado… Ganó el tema de La hoja plegada que me llamaba más la atención por su temática, pero Adiós, hasta mañana seguro que caé proximamente…
Encantada de que te haya gustado la reseña
Pues estaré atento.