Jul 14 2009
Adiós, hasta mañana, de William Maxwell
¿Quien no se ha avergonzado alguna vez de un hecho de su pasado? O más bien quién no se ha avergonzado alguna vez de algo que no ha llegado a hacer, que no ha llegado a decir… Quien no se ha parado alguna vez a pensar cual fue la razón por la que no hizo aquello que tenÃa que hacer, porque no dijo aquellas palabras que estaban a punto de salir de su boca, porque no estuvo en aquella cita a la que debÃa haber acudido, porqué no hizo aquella llamada, porqué no… De todos esos actos no realizados y palabras no dichas nace este Adiós, hasta mañana, considerada la mejor obra de William Maxwell y con la que obtuvo el American Book Award en 1980. Y no es para menos, porque tenemos entre manos (y si no la tienes cómpratela sin falta) una de las mejores novelas cortas que he leÃdo nunca.
El narrador, ya anciano, en ese juego indecente que la memoria construye con los retazos de la vida pasada, extrae del fondo a la superficie un recuerdo escondido, olvidado, enterrado tal vez conscientemente, o simplemente acumulado en el montón de las cosas sin importancia de todos aquellos años, pero que por razones inexplicables brota de nuevo con fuerza renovada tras cincuenta años de olvido. Un hecho de su adolescencia que en su momento pasó casi desapercibido, en realidad un no-hecho, una no actuación que para un adolescente no tuvo trascendencia en aquel momento, se revela en su senectud, como el catalizador de todos los no-hechos, de todos los no-dichos de su vida, no dichos y no hechos que se reflejan en la vida de los demás y en este caso especialmente en el futuro de su amigo Cletus, con el que compartió momentos determinantes de la adolescencia.
A partir del tardÃo remordimiento que le provoca aquella pequeña falta, el narrador nos desgrana los acontecimientos que se desarrollaron en su vida y principalmente en la de su Cletus, con esa fantástica virtud de Maxwell de trasladarnos a los comedores, salones y habitaciones de las familias tÃpicas de la America de mediados del siglo XX donde pequeñas tragedias se desarrollan, unas escondidas y otras más a la vista, pero todas ellas narradas con esa ternura caracterÃstica en la que la luz tenue de los atardeceres vistos desde el esqueleto de una casa en construcción, donde dos chicos encaramados tiran piedras sin destino al horizonte, constituyen el sumun de la felicidad y el colmo de la amistad adolescente.
La tragedia narrada no afecta a nuestro narrador, él fue un simple espectador de aquellos hechos y de aquella realidad a la que no podÃa poner remedio. Pero un saludo no expresado es todo lo que le queda de aquellos convulsos dÃas. Y para recordárselo y no poder ponerle remedio ya, está su atormentada conciencia.
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4 comentarios 215 lecturas












Veo que has cumplido el anuncio que hiciste de comentar esta gran obra. Y encima, en otra reseña perfecta que uno puede leer varias veces con idéntico placer. Saludos.
Tarde pero segura
No , lo cierto es que se me acumulan las lecturas y claro, no encuentro momento para escribir las reseñas y publicarlas pero… aunque me retrase, cumplo lo prometido.
Me alegro de que te guste la reseña, es fácil hacer un buen comentario de una obra maestra ¿no crees?
Un saludo también para ti.
“Es fácil hacer un buen comentario de una obra maestra ¿no crees?”
Con todos los respetos, no, no lo creo. Es mucho más fácil reseñar una birria que una obra maestra. Asà que no te quites méritos.
Bueoo, vale, no me quito méritos
Pero lo cierto es que las palabras me salen (a mi particularmente, no sé a los demás) con más facilidad si la obra me ha gustado, aún más si me ha encantado y no digamos si me ha fascinado…. Siempre me cuesta más expresarme cuando lo que leo no me gusta… en fin… de todas formas encantadisima de que te leas con gusto mis coementarios… es un satisfacción.